14 Febrero 2020

Miedos Nocturnos

        El miedo es una emoción normal y universal, necesaria y adaptativa que todos experimentamos cuando nos enfrentamos a determinados estímulos tanto reales como imaginarios.

El miedo es una alarma psicológica, las situaciones que comprometen la integridad del organismo o el bienestar producen temor, por lo tanto el miedo es útil en el sentido de que nos evita correr riesgos innecesarios, desembocando la ausencia de temor en conductas temerarias.

        Los niños a lo largo de su desarrollo sufrirán y experimentarán numerosos miedos: a la separación, a los extraños, a los ruidos fuertes, a la oscuridad, a quedarse solos, a los animales, al colegio, etc. La mayoría serán pasajeros y no representarán ningún problema, irán apareciendo y desapareciendo en función de la edad y del desarrollo psiconeurológico.

Estos miedos resultan útiles en muchas ocasiones pues les ayudan a enfrentarse de forma adecuada y adaptativa a situaciones difíciles, complicadas, peligrosas o amenazantes que puedan surgir a lo largo de su vida y su función fundamental será protegerles de posibles daños generando emociones que formarán parte de su continua evolución y desarrollo (el niño no debe tener miedo a los toboganes por ej., pero sí debe ser prudente al bajarlos y jugar en ellos). Por tanto no sólo será normal sino también necesario que los niños experimenten miedos, evitando así correr potenciales riesgos innecesarios.

 

Edad

Miedos evolutivos

 

0-2 años

 

  • Predominan: pérdida del sostenimiento, ruidos fuertes, desconocidos, separación de los padres

 

3-5 años

 

  • Remiten: pérdida de sostenimiento, desconocidos
  • Persisten: ruidos fuertes, separación
  • Aparecen: oscuridad, animales, máscaras, payasos, daño físico

 

    1. años

 

  • Remiten: ruidos fuertes
  • Persisten: separación, oscuridad, daño físico, animales
  • Aparecen: monstruos, tormentas

 

9-12 años

 

  • Remiten: separación, oscuridad, monstruos
  • Persisten: animales, daño físico, tormentas
  • Aparecen: escuela, muerte

 

13-18 años

 

  • Disminuyen: tormentas
  • Persisten: animales, daño físico, escuela, muerte
  • Aparecen: apariencia física y sociales

(Tabla extraída del libro “Miedos y temores en al infancia”. Francisco Xavier Méndez)

El miedo a la oscuridad suele aparecer en torno a los dos años y desaparecer generalmente hacia los nueve. Puede producir una gran ansiedad por la noche y sobre todo a la hora de acostarse, provocando un gran malestar y temor a dormir solos o quedarse a oscuras, generalmente va asociado a diferentes tipos de miedos como monstruos, brujas, ladrones, seres imaginarios ocultos que pueden aparecer en cualquier momento…El miedo a la oscuridad, a veces irá acompañado de trastornos del sueño como por ejemplo pesadillas o terrores nocturnos.

  • Pautas generales para el miedo nocturno:
  • Cuanto más agradable sea el ambiente en el que duerme el niño, mayor es la probabilidad de que descanse plácidamente y no aparezcan respuestas emocionales negativas.
  • La luz, el ruido y las condiciones climáticas de la habitación serán las adecuadas. El niño debe aprender a dormir a oscuras y no necesariamente en silencio absoluto, ya que esto le lleva a sobresaltarse con el menor ruido.
  • Si nuestro hijo pide la presencia de luz, podemos recurrir a un piloto de luz para tranquilizarlo y para que pueda levantarse por la noche si es necesario.
  • Establecer una rutina muy clara para acostarse: acostumbrar a nuestro hijo a seguir la misma pauta o ritual antes de ir a dormir, promueve la adquisición de hábitos de sueño saludables y proporciona seguridad.
  • Si el niño tiene pesadillas, consolarle con la luz apagada.
  • Practicar juegos en la oscuridad: la gallinita ciega, sombras chinescas, regalos escondidos en la oscuridad, el escondite (escondiéndose el padre o la madre en el dormitorio a oscuras del niño), etc.
  • No demostrar y manifestar los miedos delante de los niños.
    El miedo puede transmitirse de padres a hijos mediante el aprendizaje por observación. Ofrecer modelos correctos de cómo actuar. Ej.: montar en el columpio, entrar a oscuras…
  • Seleccionar las lecturas infantiles adecuadas. Contar cuentos agradables, exentos de terror y acontecimientos truculentos. Seleccionar las películas a ver, evitando las de terror y violencia.
  • Fomentar la autonomía e independencia. Evitar la sobreprotección porque fomenta la dependencia.
  • Reforzar los comportamientos valerosos.
  • Actuar con la máxima tranquilidad cuando presenta la respuesta de miedo, o el "ataque de pánico". Hablar con tonos bajos, ritmos y movimientos pausados y lo más relajadamente posible. Dar apoyo afectivo y, siempre que sea posible, contacto físico.
  • Establecer una hora para acostarse: una vez decidido se debe de proceder con firmeza y no transigir en esta cuestión. No obstante, en fines de semana, o periodos vacacionales, para no fomentar en la menor un patrón de conducta rígido, y por el contrario, promover la adaptabilidad y flexibilidad, el horario podrá variar.
  • Unos 15 minutos antes de la hora establecida, avise a su hijo de que se aproxima la hora de irse a la cama. Organice y prevea todo de modo que en esos minutos transcurran con alguna actividad tranquila (jugar de forma tranquila, ver dibujos, etc., ¡ojo! Los dibujos no deberán tener un contenido que incite al menor a la activación conductual).
  • Colocar junto al niño todo lo que pudiera necesitar para la noche, como por ejemplo, un vaso de agua.
  • Despídase de su hijo, dele un beso y las buenas noches, apague la luz (puede dejarse una luz mínima encendida o en la mesita de noche sitúe una luz quitamiedos o en la pared un punto de luz, preferentemente de intensidad luminosa regulable, y salga de la habitación).

 

  • Que no hacer ante el miedo de nuestros hijos:
  • Reírnos de las reacciones que presenta el niño. Permitir que los demás se rían de él. Criticarle o castigarle por tener miedo.
  • Insistir con argumentos y razonamientos recordándole continuamente su miedo. 
  • Forzarle de maneras bruscas o autoritarias a afrontar los estímulos fóbicos.
  • Amenazarle con el estímulo al que tiene miedo ("si no comes vendrá el hombre malo”, si no haces esto o aquello te encerraré en el cuarto oscuro”…).
  • Protegerle en exceso evitándole cualquier estímulo amenazador o cualquier enfrentamiento al estímulo fóbico…

 

Un miedo infantil pierde su utilidad y se denomina fobia cuando es:

 

  • Desproporcionado: el objeto temido es inocuo y no entraña objetivamente ninguna amenaza provocando una reacción excesiva
  • Desadaptativo: la elevada intensidad de la respuesta produce un gran malestar, preocupaciones serias y síntomas desagradables como náuseas, vómitos… alterando el funcionamiento cotidiano del niño y su familia

 

Es en estos casos cuando resulta conveniente recurrir a asesoramiento psicológico.